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El Estado paga menos que el SMI por el servicio electoral obligatorio en día de fiesta

María José Gonzalez

24 de mayo de 2023 | 8:45 am

El acto de votar es uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia. Sin embargo, el funcionamiento de este proceso no sería posible sin la presencia de ciudadanos dispuestos a servir en las mesas electorales. Pero ¿estamos valorando suficientemente este servicio crucial para la democracia?

El Valor de la Participación Ciudadana

A la hora de ejercer el derecho al voto, no se puede ignorar el importante papel que juegan los ciudadanos que se sientan en las mesas electorales. En un día festivo, como puede ser un domingo, dedican 12 horas a garantizar que el proceso electoral se desarrolle de manera eficiente y transparente.

Este compromiso con la democracia es admirable. Sin embargo, existe un desacuerdo creciente entre lo que estos ciudadanos ofrecen y lo que reciben a cambio. En España, el Estado remunera este trabajo con un salario de 5 €/hora, lo que está muy por debajo del salario mínimo establecido de 8 €/hora.

La Ley Electoral y las Sanciones

Para agravar aún más la situación, la Ley Electoral establece sanciones severas para quienes se nieguen a desempeñar este papel, incluyendo la posibilidad de enfrentar hasta un año de cárcel.

Esta medida ha provocado un malestar palpable entre la población, que considera este pago no solo como un incumplimiento del salario mínimo, sino también como una forma de explotación.

El Debate Necesario

Es crucial iniciar un diálogo sobre el valor de los ciudadanos en las mesas electorales y el reconocimiento que merecen. Si bien no se puede negar que la participación en una mesa electoral es un servicio al estado y a la democracia, no se puede pasar por alto la necesidad de que este servicio se remunere de manera justa.

La compensación por un día de trabajo en una mesa electoral debe reflejar el valor de la labor realizada y respetar el derecho de los trabajadores a un salario mínimo.

No es el empresario el que es visto como explotador en este escenario, sino el Estado mismo. Este hecho plantea cuestiones importantes sobre cómo valoramos y recompensamos el compromiso cívico.

Es hora de revisar estas políticas y trabajar para garantizar que los ciudadanos que realizan esta labor esencial sean tratados con la justicia y la dignidad que merecen. Después de todo, la salud de nuestra democracia depende de ello.

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