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Fascistas acosan a la familia de Oscar Puente

Jesús Carames

1 de octubre de 2023 | 4:28 pm

En la era actual, donde la información es poder y la verdad parece diluirse entre sombras de sensacionalismo, la línea entre la ética y la invasión a la privacidad se vuelve borrosa. Pero lo que le ocurrió recientemente a Óscar Puente, concejal de Valladolid, nos hace reflexionar sobre cuán lejos están dispuestas a llegar algunas personas en nombre de la «información».

Los actos inadmisibles de unos pocos

La intromisión en la vida personal de Óscar Puente, intentando acceder a su hija adolescente y faltando el respeto a su madre, no puede ser tildada de periodismo bajo ninguna circunstancia. Estas acciones se asimilan más a tácticas propias de fascistas que buscan intimidar e invadir la privacidad de quienes no comparten sus ideologías.

La libertad de expresión y de prensa es fundamental para el buen funcionamiento de cualquier democracia, pero el acoso y la invasión a la intimidad de las personas no forman parte de esa libertad.

Un llamado a la responsabilidad

Las acciones de estos individuos no solo son reprobables, sino también peligrosas. Acosar a familiares, en particular a menores de edad, pone en riesgo la integridad física y emocional de estas personas. Además, semejantes acciones afectan la reputación del periodismo en general, un oficio que debería ser sinónimo de verdad, integridad y responsabilidad.

La sociedad debe condenar enérgicamente estos actos y recordar que, aunque estemos en desacuerdo con las opiniones o decisiones de una persona pública, nada justifica la invasión a su vida privada o la de su familia.

La ética ante todo

Si bien es cierto que la vida de las figuras públicas puede ser objeto de interés, eso no da carta blanca para acosarlas o invadir su privacidad. El respeto a la dignidad humana debe prevalecer siempre, sin importar las diferencias ideológicas.

Esperemos que este desafortunado incidente sirva para recordar a todos los profesionales del periodismo la importancia de la ética y el respeto en su trabajo. Porque un periodismo sin ética no solo pierde su credibilidad, sino también su propósito fundamental: informar con verdad y responsabilidad.

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