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Podemos quiere organizarse como el PNV

El relevo de Pablo Iglesias por Yolanda Díaz al frente del sector de Unidas Podemos en el Gobierno de coalición inaugura un nuevo ciclo en el partido. Se dejan atrás siete años del hiperliderazgo para abrir paso a los liderazgos compartidos. La formación ensayará una bicefalia con Iglesias liderando el partido y Díaz el sector morado de la coalición, con el objetivo de crear contrapesos entre ambos. Iglesias, como portavoz fuera del Ejecutivo. Díaz, como la voz dentro del Gobierno.

Dos estilos muy diferenciados y con un claro reparto de papeles. Uno más activista, libre ahora de los encorsetamientos propios del cargo, y otro más centrado en la gestión. Uno más duro y rupturista. Sin limitaciones ni tener que asumir contradicciones. El otro más pactista y posibilista. Entre la calle y el BOE.PUBLICIDAD

Se pretende así diferenciar la acción de Gobierno de la acción política del partido. Establecer contrapesos y adaptar los diferentes ritmos, manteniendo posiciones más rupturistas y pegadas a la calle desde el partido y otras más gobernistas y posibilistas con la correlación de fuerzas de los morados en el Consejo de Ministros. A la espera de que se definan las responsabilidades institucionales de Iglesias, según los resultados de las elecciones a la Comunidad de Madrid del 4-M, el secretario general se centrará en revitalizar portavocías y armar el partido a nivel territorial.

Foto: El candidato a la presidencia de Madrid, Pablo Iglesias. (Dani Gago)

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El papel que asume Iglesias es el de empujar desde la organización cambios que vayan un paso por delante de los planteados por un Gobierno de coalición liderado por los socialistas. La lectura y la estrategia diseñada antes de entrar en el Gobierno de coalición era similar, pero el hecho de que Sánchez aceptase finalmente la entrada del secretario general como vicepresidente segundo, a la que este ya había renunciado para evitar una repetición electoral, la dejó en suspenso. Ahora, con Iglesias fuera y un debilitamiento electoral constante en los comicios autonómicos que se han celebrado durante el primer año de legislatura, vuelve a rescatarse aquella estrategia dejada en barbecho para intentar invertir la tendencia.

El empuje de la sociedad civil se considera crucial para conseguir conquistas sociales más ambiciosas que las que Unidas Podemos está arrancando como socio minoritario del Gobierno. También fusionarse con ella para asegurar la supervivencia de este proyecto político, frente a alternativas que asoman ya para ocupar el denominado “espacio del cambio” a la izquierda del PSOE. Rearmar el partido, vertebrarlo territorialmente e intervenir activamente en los conflictos sociales son algunas de las tareas marcadas por la dirección todavía pendientes de materializarse.

El propio Iglesias se dirigía a las bases de su partido, antes de entrar en el Gobierno de coalición, con una misiva en la que daba cuenta de una de sus tareas que tras un año de gobierno marcado por la pandemia se quedaron en suspenso y que ahora retomará: “Es necesario echar raíces y construir una herramienta fuerte y sólida, que esté presente en cada barrio y en cada pueblo, que sea capaz de doblar el brazo a los poderosos y de producir transformaciones profundas que hagan avanzar a nuestro país hacia la justicia social, la mejor vacuna frente a quienes pretenden enfrentar al penúltimo contra el último para que sigan ganando los de siempre”.

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Este mismo jueves, y después de que el PSOE rechazase regular los alquileres en la mesa de negociación con Unidas Podemos sobre la ley de vivienda limitándose a una propuesta sobre incentivos fiscales, Iglesias daba cuenta de su nuevo papel. Durante un acto institucional, en el marco de la firma del acuerdo social sobre el refuerzo del sistema de dependencia, el todavía vicepresidente segundo subrayaba que no cumplir el acuerdo de Gobierno para regular el precio del alquiler es “faltar el respeto a los ciudadanos”. Y continuaba: “Un Gobierno es de izquierdas cuando cumple los compromisos firmados”.

Acto seguido, con tono mitinero, polarizaba con el lema electoral de Ayuso –”comunismo o libertad”– para darle la vuelta y lanzar al mismo tiempo una advertencia a sus socios de Gobierno: “La libertad en una sociedad democrática no es libertad de imponer unos alquileres a precios abusivos. No hay libertad si una familia no puede acceder a una vivienda digna, y decir esto es cerrar filas con un principio constitucional”, concluía remarcando que la vivienda “no es solo un bien de mercado, es un derecho”.

La presión desde fuera del Gobierno, ya sin las ataduras del cargo, recaerá por tanto en Iglesias. Por su parte, Yolanda Díaz será quien negocie dentro del Gobierno con Pedro Sánchez. La cesión de la vicepresidencia segunda, a la que escalará Nadia Calviño dejando a Díaz la tercera, no es sinónimo en cualquier caso de cesión a nivel programático o de responsabilidades. De ahí que desde Trabajo y desde el sector de Unidas Podemos en el Gobierno se refiriesen a que se trataba de algo más simbólico que operativo. Además, lo que también pactaron Sánchez e Iglesias es que el presidente del Gobierno sería el interlocutor directo con Yolanda Díaz en las cuestiones económicas. Yolanda Díaz inauguraba así el liderazgo de Unidas Podemos en el Gobierno con una renuncia, evitando el conflicto y anteponiendo su agenda política –esto es, el programa que pretende sacar adelante desde Trabajo– a ostentar un escalafón superior en la coalición.

Foto: Ángel Gabilondo y Pedro Sánchez. (EFE)

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Desde el entorno de Díaz no esconden que su estilo pasa por “feminizar” la política. En el tono y las formas, pero también en lo más visible, puesto que la acompañarán otras dos mujeres en los puestos de Unidas Podemos con más peso en el Consejo de Ministros: la titular de Igualdad, Irene Montero, y la futura ministra de Asuntos Sociales y actual secretaria de Estado, Ione Belarra. Ambas llamadas a liderar a medio plazo el partido junto a Díaz y a acompañarla en los puestos de salida como próxima candidata de este espacio a unas elecciones generales. Una nueva hoja de ruta que comenzó a fraguarse con la marcha de Yolanda Díaz de IU, el pasado verano –oficialmente en marzo de 2020–, pero que apenas estaba esbozada y tuvo que precipitarse en apenas tres días.

El peso comunicativo de los conflictos, cuando surjan, los llevará Iglesias ya desde fuera del Gobierno y Díaz se centrará en encajar intereses con sus socios de forma constructiva. En lo que sí se parecerá a Iglesias, según avanzan, es en que no está dispuesta a renunciar ni a rebajar las medidas pactadas en el programa de gobierno. La reforma laboral es su principal caballo de batalla, pero no el único. La subida del salario mínimo interprofesional, la negativa a ampliar los años de cotización para el cómputo de las pensiones o la regulación de los alquileres son también líneas rojas.

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