4 de marzo de 2024 | 9:56

Bilbao

Bilbao se levanta en defensa del Euskera

Jesús Carames

4 de noviembre de 2023 | 6:57 pm

La capital vasca se convirtió en el epicentro de una reivindicación cultural y lingüística sin precedentes. Más de 60,000 almas, un número que no es mera estadística sino el reflejo de un sentir colectivo, se dieron cita en Bilbao para alzar la voz por el euskera, ese idioma que va más allá de ser un mero conjunto de palabras y se entrelaza con la identidad de un pueblo.

Una manifestación que es noticia y símbolo

La tarde del acontecimiento tuvo como preámbulo una ciudad que aguardaba con expectación. Desde las inmediaciones del Palacio Euskalduna, la marcha comenzó puntual, en un ambiente que, aunque cargado de reivindicaciones, también destilaba unidad y esperanza. «Oldarraldiaren aurrean, Euskararekin Bat, Euskaraz Bat», un lema que resonó más allá de los límites físicos de la ciudad.

Una respuesta al llamado de Kontseilua

Kontseilua, como bastión de la defensa del euskera, no solo convocó sino que logró que la convocatoria se convirtiera en un punto de encuentro diverso. Fue una muestra de fuerza tranquila pero decidida, un no rotundo a lo que consideran una «injerencia judicial» que amenaza con socavar los esfuerzos de normalización del euskera.

El respaldo político no se hizo esperar

Y es que cuando se trata de defender la esencia de una comunidad, las diferencias políticas pueden y deben quedar a un lado. Así lo demostraron representantes del PNV, EH Bildu, Geroa Bai, y otros, quienes, con su presencia, reafirmaron que el euskera no entiende de colores políticos sino de raíces comunes.

La imagen de esa unión es potente: líderes que usualmente debaten en parlamentos y asambleas, marchando codo a codo con la ciudadanía. ¿Acaso no es esa la verdadera esencia de la política? Servir a un pueblo que clama por su derecho a la diversidad lingüística.

Voces que se alzan por encima del ruido

Entre declaraciones y cantos, destacaron voces como la de Idurre Eskisabel, secretaria general de Euskalgintzaren Kontseilua. Eskisabel no solo habló sino que resonó con un mensaje claro: la judicialización contra el euskera es una barrera para la normalización lingüística y cultural. Es una lucha que va más allá de la gramática y la ortografía; es una lucha por la identidad.

Una realidad marcada por sentencias y controversias

El eco de las 18 sentencias emitidas desde 2020, que han cuestionado la política lingüística en Euskadi, se ha convertido en el catalizador de una preocupación creciente. No es solo el temor a perder una lengua, sino también a que se desvanezca todo lo que ella representa.

La tensión entre la protección de los derechos lingüísticos y las decisiones judiciales es palpable. Los sindicatos LAB, CCOO y UGT, se encuentran en una encrucijada de intereses que refleja una sociedad que, a su vez, busca un equilibrio entre el respeto a la diversidad y la uniformidad.

¿Y qué sigue ahora?

El paso a seguir parece estar en el terreno del diálogo y el consenso. Lander Martínez, de Sumar, apunta a la necesidad de reconstruir ese consenso que parece fragmentado. ¿Es posible? La respuesta puede estar en esa masa de gente que, con cada paso durante la manifestación, decía que sí.

En resumen: una jornada de reflexión y lucha

Lo que ocurrió en Bilbao trasciende lo anecdótico; es un hito en la historia de la lucha por el reconocimiento lingüístico. No se trató solo de una protesta, sino de una afirmación de vida, de cultura, de existencia.

Es evidente que la senda hacia la normalización del euskera está sembrada de obstáculos. Pero también es claro que existe una voluntad férrea de caminarla juntos, de defender lo que se considera justo, necesario y vital para el alma de un pueblo.

El camino hacia adelante es complejo y está lleno de desafíos, pero la movilización en Bilbao ha demostrado que hay una base sólida sobre la cual construir. La pregunta no es si el euskera sobrevivirá a los embates del tiempo y la política, sino cómo se fortalecerá a través de ellos.

El mensaje de Bilbao es uno que merece ser escuchado: las lenguas son más que palabras, son la esencia de un pueblo, y cuando esa esencia se ve amenazada, la respuesta será siempre firme y resonante. No es solo por el euskera, es por la diversidad y la riqueza que aporta a la humanidad entera.

En un mundo que parece moverse hacia la uniformidad, eventos como el de Bilbao nos recuerdan la importancia de celebrar y proteger lo que nos hace únicos. Que no sea solo un capítulo más en la historia, sino el comienzo de un nuevo entendimiento, donde la diversidad lingüística se vea como un tesoro y no como una barrera.

Porque, al final del día, el euskera es más que una lengua; es el corazón de un pueblo que palpita fuerte y claro. Y ese pulso, ese clamor por la justicia lingüística, es lo que seguirá guiando el camino hacia el futuro.

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