31 de marzo de 2025 | 11:22

Bizkaia

Bizkaitarras van menos a misa pero tienen más valores

Fotografía de la Plaza de la Anteiglesia en Barakaldo, escenario de un violento ataque con arma blanca.

Mairenis Gómez

29 de marzo de 2025 | 7:54 am

El retroceso de la práctica católica no debilita el compromiso ético de la sociedad bizkaitarra

En el corazón de Bizkaia, donde antaño las iglesias marcaban el pulso de la vida cotidiana, la práctica religiosa ha entrado en un declive sin precedentes. Según datos recientes del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), apenas el 13% de la población vasca se declara católica practicante, una cifra notablemente inferior a la media estatal, que roza el 25%. La tendencia se acentúa en los territorios más euskaldunes, donde la religión parece haber perdido su antiguo magnetismo, incluso a pesar del legado de figuras como Gangoiti en la margen izquierda del Nervión o Arizmendiarrieta, impulsor del mayor grupo cooperativo del mundo.

El impacto también se percibe en los ritos tradicionales. En Bizkaia y el resto de Euskadi, los bautizos y matrimonios religiosos han experimentado una caída drástica: solo el 22% de los recién nacidos son bautizados y menos del 10% de las bodas se celebran por la iglesia, frente a cifras que superaban el 75% en los años 90. Sin embargo, este fenómeno de secularización no ha supuesto una pérdida de valores. Todo lo contrario.

Valores sociales arraigados en la ética colectiva

El alejamiento de la religión organizada no ha implicado un vaciamiento ético. Bizkaia continúa destacando en indicadores sociales clave. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), el País Vasco presenta el menor índice de desigualdad económica del Estado. Con un índice de Gini de 24,8 (frente al 32,1 estatal), la sociedad bizkaitarra refleja un compromiso firme con la equidad.

En cuanto a la igualdad de género, Euskadi también lidera el ranking nacional. Con una puntuación de 73,1 sobre 100 en el Índice del Instituto Europeo para la Igualdad de Género, se sitúa por encima de la media española y europea. Parte de este éxito puede atribuirse a herramientas propias como Emakunde, así como a una legislación autonómica avanzada en derechos laborales y conciliación.

Pero si hay una seña de identidad que define a Bizkaia, es su vocación cooperativista y solidaria. Inspirado en el humanismo cristiano, el modelo de Arizmendiarrieta ha dado lugar a una red de cooperativas que aún hoy emplea a decenas de miles de personas bajo principios de gestión participativa y justicia social. Este legado, aunque nacido del pensamiento cristiano, ha evolucionado hacia una ética cívica plenamente laica.

La secularización no borra la ética colectiva

Otro reflejo de esta cultura solidaria es el voluntariado. Según el Observatorio Vasco del Tercer Sector Social, más del 15% de la población participa activamente en tareas sociales. Un ejemplo destacado es la labor de Cáritas Bizkaia, que cuenta con numerosos voluntarios, muchos de ellos alejados de la fe católica, pero plenamente comprometidos con la ayuda a los demás.

Lo que se observa en Bizkaia no es simplemente un retroceso religioso, sino una transformación del marco ético. Una secularización que ha sabido conservar los pilares fundamentales de la moral cristiana —solidaridad, justicia, dignidad humana—, pero que ahora se expresan en clave civil. Como sociedad, Bizkaia parece haber interiorizado estos valores en un nuevo lenguaje: el del bien común sin necesidad de dogma.

Este cambio ofrece una lección de gran valor para el debate público: no hace falta religiosidad para construir una comunidad cohesionada. De hecho, la ética compartida puede ser incluso más sólida cuando emana de una convicción colectiva libremente asumida.

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