13 de junio de 2024 | 1:04

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La nueva derecha el término inventado que define ahora al fascismo

Mairenis Gómez

10 de junio de 2024 | 7:00 pm

Marine Le Pen y el auge de la ultraderecha en Francia y Europa

Desde hace años, la ultraderecha ha ganado terreno en Europa, y uno de los nombres más sonados es Marine Le Pen. Su partido, la Agrupación Nacional, ha logrado un éxito arrollador en Francia, especialmente en las elecciones europeas. Este triunfo no es solo un reflejo de su liderazgo, sino también de la profunda insatisfacción del pueblo francés con el gobierno de Emmanuel Macron. La estrategia de Le Pen ha sido clara, capitalizar el descontento y usar el nacionalismo francés para oponerse a las decisiones de Bruselas. Sin embargo, este auge no es aislado; se enraíza en un movimiento más amplio y antiguo, la Nueva Derecha.

El origen y la evolución de la Nueva Derecha en Europa

Nacida en Francia a finales de los años sesenta, la Nueva Derecha surgió como una respuesta a la descomposición de la ultraderecha tras la Segunda Guerra Mundial. Inspirada por el Mayo del 68, esta corriente buscó revivir el conservadurismo mediante la apropiación del lenguaje y las luchas de la izquierda. Este enfoque híbrido y rompedor, encabezado por Alain de Benoist, desafió los principios básicos de la sociedad occidental, incluyendo el igualitarismo y los derechos humanos. De Benoist promovió un activismo cultural en lugar de la militancia política, sentando las bases para lo que hoy conocemos como la «batalla cultural».

Además, la Nueva Derecha ha sido un innovador laboratorio de ideas para la ultraderecha global. Si hoy los partidos de ultraderecha se presentan como rebeldes frente a la «dictadura del pensamiento único», esta noción ya estaba presente en los escritos de De Benoist en los años setenta. Su influencia es evidente en la división actual de la ultraderecha en el Parlamento Europeo, donde, a pesar de sus diferencias, todos estos partidos comparten una misma agenda cultural.

La apropiación del pensamiento de izquierda por la Nueva Derecha

El contexto del surgimiento de la Nueva Derecha es crucial para entender su impacto. En torno a 1968, el conservadurismo se sentía acorralado por el movimiento social y estudiantil de carácter marxista y libertario. Fue en este ambiente que Alain de Benoist y sus seguidores adoptaron una táctica freudiana, matar al padre, es decir, destruir el viejo conservadurismo para renacer con una nueva identidad. Adoptaron y adaptaron conceptos de la izquierda, creando un discurso conservador y antiliberal que resultó sumamente efectivo.

Hoy en día, vemos cómo la Nueva Derecha ha moldeado a los movimientos ultraderechistas en toda Europa. Desde Madrid hasta Budapest, pasando por París, estos grupos han sabido utilizar la «batalla cultural» para ganar terreno. Le Pen no está sola; su éxito es parte de una tendencia internacional que utiliza el descontento popular y la resistencia al cambio como armas políticas.

El impacto actual de la Nueva Derecha en la política europea

El éxito de la Nueva Derecha no se limita a la teoría; su impacto es palpable en la política europea actual. Los partidos ultraderechistas han logrado influir en la agenda política, promoviendo leyes y políticas que reflejan sus ideales conservadores. En Francia, la Agrupación Nacional de Le Pen ha sido clave en este proceso, pero no es un caso aislado. Otros líderes y partidos en Europa siguen estrategias similares, basándose en los principios establecidos por la Nueva Derecha.

Marine Le Pen y el auge de la ultraderecha en Francia y Europa

La persistente batalla cultural y el impacto duradero de la Nueva Derecha en Europa

La batalla cultural que inició en los años sesenta sigue vigente hoy en día. Los partidos ultraderechistas han aprendido a usar los medios de comunicación y las redes sociales para difundir su mensaje, creando un discurso atractivo para amplios sectores de la población. La Nueva Derecha ha demostrado ser una corriente de pensamiento resiliente y adaptable, capaz de influir en la política y la sociedad de maneras profundas y duraderas.

En definitiva, la Nueva Derecha ha sido un catalizador para el auge de la ultraderecha en Europa. A través de su enfoque innovador y su capacidad para apropiarse de las luchas de la izquierda, ha logrado transformar el panorama político europeo. La influencia de Marine Le Pen y otros líderes ultraderechistas es un testimonio del poder duradero de esta corriente de pensamiento.

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