16 de junio de 2024 | 3:15

Bilbao

Aburto declara no recordar la firma de una orden durante el mandato de Alonsotegi

Aburto declara no recordar la firma de una orden

Jeickson Sulbaran

10 de enero de 2024 | 1:30 pm

En el laberinto judicial que desentraña los hilos de la corrupción en Alonsotegi, emerge una figura central: Juan Mari Aburto, actual alcalde de Bilbao. Su declaración en el juicio, que investiga la presunta corrupción en la concesión de una subvención de 600.000 euros en 2012, ha resaltado tanto por su contenido como por las sombras de duda que se ciernen sobre su memoria. Aburto, en aquel entonces diputado de Presidencia en la Diputación Foral de Bizkaia, afirmó no recordar haber firmado la orden foral que concedía dicha subvención al Ayuntamiento de Alonsotegi para unas obras que nunca se ejecutaron.

La trama de este caso se entrelaza con la figura ya fallecida de José Luis Erezuma, exalcalde de Alonsotegi por el PNV entre 2011 y 2015, y con varios acusados más, incluyendo responsables de una constructora, un arquitecto y una asesora municipal. Todos ellos enfrentan acusaciones graves: prevaricación, malversación, falsedad documental y fraude por el cobro de subvenciones públicas. La complejidad del caso se acentúa por la multiplicidad de actores involucrados y la magnitud de las acusaciones.

Aburto en el estrado: Un testimonio entre el deber y el olvido

Aburto

En su declaración como testigo, Aburto para el juicio de Alonsotegi se enfrentó a un desafío que va más allá de lo judicial: la disyuntiva entre la responsabilidad administrativa y los límites de la memoria humana. Aseguró no recordar la firma de «esa subvención en concreto», argumentando la frecuencia con la que firmaba órdenes forales en su cargo anterior. Esta afirmación pone en relieve la rutina burocrática de su función, pero también plantea interrogantes sobre la supervisión y seguimiento de procesos cruciales en la gestión pública.

El actual alcalde de Bilbao también reconoció su firma en la orden foral, lo que añade un nivel de complejidad a su testimonio. La afirmación de Aburto para el juicio de Alonsotegi de que el proceso se realizó «conforme al procedimiento establecido» intenta transmitir una sensación de normalidad en las operaciones de la Diputación, pero al mismo tiempo, deja entrever las dificultades inherentes a la gestión de un ente público de tal envergadura.

El juicio: Un reflejo de las sombras de la política y la administración pública

El juicio, que se inició en la Audiencia de Bizkaia el pasado lunes, no es solo la narrativa de un caso de corrupción más. Representa una oportunidad para examinar críticamente las prácticas administrativas y políticas, y los mecanismos de control y transparencia en la gestión de fondos públicos. Las declaraciones y testimonios ofrecidos en este proceso judicial tienen el potencial de arrojar luz sobre los procedimientos seguidos y, tal vez, sobre las fallas que permitieron la presunta malversación y fraude.

Este caso resalta la importancia de la memoria, no solo como facultad individual, sino como un elemento crítico en la rendición de cuentas y la gobernanza transparente. Las palabras de Aburto, «no recuerdo haber firmado la orden», resuenan no solo en las salas de la Audiencia de Bizkaia, sino en el ámbito más amplio de la confianza pública y la integridad en la gestión de los asuntos públicos.

En el juicio por presunta corrupción en Alonsotegi no es solo un caso aislado. Es un espejo en el que se reflejan las complejidades, desafíos y, a veces, las lagunas en la gestión de la administración pública, la declaración de Aburto es un recordatorio de que, en la gestión pública, la memoria y la responsabilidad van de la mano, y que la transparencia y el seguimiento son esenciales para preservar la integridad y la confianza en nuestras instituciones.

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